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domingo, 28 de diciembre de 2014

Los Santos Inocentes

Voy a ser sincera. Tras unos minutos delante de la pantalla en blanco he tenido que cerrarla. No me salían. El cursor no paraba de aparecer y desaparecer intermitentemente, segundo a segundo. Hoy es el día de los Santos Inocentes, así que por ellos va esta entrada.

¿Os imagináis que hubiera una cura definitiva  para el cáncer y los políticos os arrebataran el tratamiento porque...cuesta mucho?
Pues este es el caso de otra enfermedad: LA HEPATITIS C.
Es una enfermedad infecciosa causada por un virus de la que en España están diagnosticadas unas 500.000 personas (la cifra exacta la desconozco),  y se calcula qu 50% de los enfermos permanece sin diagnosticar. Permanece sin dar ninguna señal durante muchos años, muchos enfermos son diagnosticados casualmente cuando en una analítica aparecen las transaminasas elevadas (GOT, GPT, GGT). El 20% de los enfermos infectados se curan espontáneamente, el 80% restante se hacen enfermos crónicos. De estos últimos un 20% evoluciona a cirrosis (en el hígado se forman nódulos fibrosos, restándole función), y un porcentaje  de estos desarrolla un hepatocarcinoma, probabilidad que va aumentando conforme pasan los años.

Para más inri, ésta no es la única nefasta consecuencia de la hepatitis C. Causa hemorragia digestiva por rotura de varices esofágicas con una mortalidad del 20% por episodio, peritonitis bacteriana, encefalopatía hepática, síndrome hepatorrenal... Son tales las consecuencias de estas complicaciones que cada día fallecen unas 12 personas es nuestro país, 4000 al año.

Hasta hace poco el único tratamiento del que se disponía era la asociación de interferón con ribavirina, con tasas de respuesta bastante bajas. A mi madre hace unos años le diagnosticaron esta enfermedad, fue tratada con estos fármacos y nos informaron que la probabilidad de que se curara era del 25%. Iniciamos el tratamiento, y unos meses después se tuvo que retirar porque no respondía.

A partir de ese momento, la estrategia era intentar entrar en alguno de los ensayos clínicos de alguno de los prometedores fármacos que se estaban estudiando. Supongo que se trataría de los inhibidores de la proteasa: telaprevir y boceprevir. Por entonces, no tenía mucho conocimiento al respecto. Sin embargo, mi madre tenía las plaquetas muy bajas(otra de las consecuencias) y estos medicamentos las bajaban aun más, con lo que era peor el remedio que la enfermedad. Además, aun entrando en alguno las probabilidades de éxito seguían siendo aun más bajas dado que había fallado el tratamiento anterior (los inhibidores de la proteasa debían de asociarse al interferón y la ribavirina). La nueva estrategia: esperanza ante la resignación.

Entre tanto, a mi madre le salieron las dichosas varices esofágicas. Temblé.

El 2014 comenzó con alegría, pues salían a la luz varios fármacos: sofosbuvir y simeprevir que anunciaban respuestas del 90% y no requerían la administración conjunta del dichoso interferón que bajaba las plaquetas. En casa lo celebramos pero bien. El pasado 1 de octubre la antigua ministra de sanidad, Ana Mato, anunciaba que iban a ser financiados por la Seguridad Social. Y empezaron a "financiarse"...

A día de hoy, estos fármacos sólo están al alcance de 5000 enfermos(1), alrededor del 1% de ellos. Debes de cumplir unos criterios de gravedad para que te los administren. Mi madre no anda moribunda, así sólo se me ocurre que creo que debemos esperar a que empiece a vomitar sangre, porque sinceramente, no lo entiendo.

Hasta 1992 la hepatitis C no se detectaba en los análisis, por lo que muchos enfermos fueron contagiados a partir de transfusiones, donaciones de sangre u otros procedimientos. ¿Y ahora se niegan a suministrárselo a esos SANTOS INOCENTES, que lo mejor que pueden haber hecho en el pasado haya sido donar sangre?

¿Que no hay dinero? Pero sí hay dinero para robar y ser corrupto. Los trasplantes parecen la solución ideal, pero también generan problemas: rechazo agudo, crónico, la inmunosupresión. El coste de un trasplante hepático es de unos 200.000$, el del tratamiento con sofosbuvir unos 84.000$ (2).

Así que como era de esperar, los enfermos han empezado a manifestar su rabia y resignación. Se ha formado la Plataforma de Afectados por Hepatitis C (link a Facebook), y en Madrid un grupo de afectados se ha encerrado en el Hospital 12 de Octubre.

TRATAMIENTO PARA TODOS. 


jueves, 20 de diciembre de 2012

2 de noviembre (Parte I)

Es irónico pensar que con un chasquido de dedos todos tus esquemas vitales puedan cambiar, que aquello por lo que llevas luchando durante 5 años pueda desaparecer. Lo que en un principio la tarde del 1 de noviembre iba a ser una tarde tranquila, se convirtió en un delirium vivido; en el que los gritos quedaban rasgados en el interior de mi garganta, condenados a desaparecer entre un tumulto de tensión. Tensión cuya única forma de disiparse era escapando al control de lo consciente, desvaneciendo.

Y es que quería pensar que todo aquello que las decenas de correos electrónicos decían no eran sino un jeroglífico, o mejor aún, una broma o por qué no, un mal sueño. No entendía cómo de la nada la Comunidad de Madrid había decidido tomar todas aquellas medidas, dejando una agónica sanidad pública como consecuencia. ¿Por qué nadie nos había avisado? ¿Por qué tantas prisas?

A la mañana siguiente, un ebulleante Hospital la Princesa esperaba al Dr.Burgueño, Director General de Hospitales de la Consejería de Sanidad. A los estudiantes se les pedía que desaparecieran de los pasillos, porque si no, a dicho individuo podría ser que le flaquearan las piernas. Y mejor que no perdiera la consciencia en ese hospital al que había sentenciado a muerte. Atónita me quedé al oír que tras haber estado dando una vueltas alrededor del hospital con su coche(tal vez con guardaespaldas y cristales blindados por si desde las ventanas las enfermeras osaban disparar inyecciones de adrenalina).

¿Un euro por cada receta? Perfecto, si lo más que consumo es con suerte una caja de ibuprofenos al año; pero qué pasa con todos aquellos enfermos crónicos o polimedicados que pueden llegar a consumir 10 medicamentos distintos, que son los enfermos que precisamente hacen más uso del sistema sanitario.

¿Gestión privada de 6 hospitales que habían sido ignaugurados sucesivamente en años pasados y del 10% de centros de salud? Qué forma tan sútil de hablar de privatizaciones encubiertas. Ja. ¿Acaso negarán que aunque los pacientes no tengan que dar su tarjeta de crédito al llegar a urgencias no habrá una búsqueda de beneficios? ¿Para qué si no una empresa se va a hacer responsable de dirigir un hospital? ¿Son ahora hermanas de la caridad?

¿Transformación del Hospital La Princesa en un "centro altamente especializado para el paciente anciano"?  ¿Querrás decir geriátrico? Es gracioso eso de altamente especializado. Al parecer la Comunidad de Madrid estaba buscando un futuro mejor para el hospital. Aunque se les pasó por alto preguntar a sus especialistas, pues queda bien demostrado lo altamente especializado que está este hospital. Por otra parte, al contrario que sucede con el niño, la patología del anciano no es diferente al de un adulto de mediana edad. No tiene sentido. Si no me creéis, preguntad a las sociedades de geriatría.

Irónico es que se tomara esta decisión sin tener en cuenta el carácter universitario de este hospital, pacto/trato/convenio(/el término idóneo) que no se puede romper así como así con la UAM.

Más irónico es que en una entrevista realizada por Onda Cero a Ignacio González éste dijera que pediatría no tenía hueco ya en este hospital. Lo siento, pero esto supera el porcentaje de similitud que era capaz de imaginar entre los genomas de simios y políticos. ¿Se es capaz hablar más conociendo tan poco un hospital?

¿Qué se habían tomado mis admirados políticos para que entre risa y risa se les pasara por la cabeza presentar todas estas medidas? ¿Por qué no consultaron a NADIE? ¿Por qué NINGÚN profesional sanitario tenía ni idea de lo que se estaba fraguando? ¿Cuántas mentiras más tendremos que escuchar?

Archiconocido es por todos nosotoros que tenemos uno de los mejores modelos de sanidad a nivel mundial. Como estudiante que soy creo que el permitir el acceso de toda la población a una sanidad pública es uno de los motores de su avance. La medicina, los médicos y profesionales sanitarios avanzan gracias al contacto con los pacientes. Por ello, en España por ejemplo, la mortalidad de los ictus es del 3%, cifra que en el resto de Europa se supera, llegando hasta el 20%. Se crean nuevas y mejores herramientas y guías, se ofertan mejores tratamientos; pero además, se conocen mejor las enfermedades de los pacientes. ¿De qué me sirve leer en los libros que el edema en esclavina es típico del síndrome de vena cava superior si en mi vida lo he visto? Pues bien (basado en hechos reales), no supe reconocerlo hasta que no hubo un diagnóstico de certeza de por medio.

¿Qué sentido pasa a tener ser médico si limitamos el acceso de la población a la sanidad, si lo convertimos en un vehículo económico? ¿Acaso un sin papeles es menos ser humano, menos vulnerable a la enfermedad, más resistente al dolor que yo? Un médico no crece sólo a base de los diagnósticos que realiza, sino también gracias a la relación humana que establece con el paciente, algo que no ha de ser nada menospreciado. ¿Dónde queda sino en el olvido el juramento hipocrático?

Actualización:
*El problema del Hospital la Princesa ha quedado resuelto. El hospital se compromete a elaborar guías para la atención al paciente anciano, pero no de forma monográfica. Se mantienen abiertas las urgencias, consultas externas y todas las especialidades y el servicio a pacientes de todas las edades.
*El Tribunal Constitucional avala la asistencia a los sin papeles.

A menos de 24h para la aprobación de los presupuestos ésta es la situación actual de la sanidad madrileña.

Y mientras tanto, la marea blanca seguirá saliendo a la calle...



miércoles, 27 de junio de 2012

¡3 años ya!

Paseándome por el blog he descubierto que hoy hace 3 años que este pequeño rincón se abrió a todos vosotros. En un principio únicamente era un método de escape de lo que por aquellas semanas me estaba deshidratando hasta absorberme el juicio que me quedaba. De ahí su nombre enrevesado. Me enfrentaba a la peor asignatura del primer curso de carrera, que para más inri era anual:  bioquímica.
Era una forma con la que liberar y almacenar los pensamientos e ideas que en un momento puntual cruzaran mi mente, que de otra forma morirían entre los lactato, PFKs y acetaldehídos. Era una forma de recordarme que había algo más que ese otro no-universo en el que me hallaba inmersa, la medicina.
Con el paso del tiempo, su apariencia ha ido cambiando, pero su finalidad sigue siendo la misma. Lanzar una voz al mundo con aquello que mi pensamiento originara. Si la onda llegaba a otras voces, mejor; si no, seguiría siendo mi pequeño rincón de juegos.
Muchas gracias a todos aquellos que os habéis ido uniendo a lo largo de estos 3 años.

miércoles, 20 de junio de 2012

Culpables. La eterna discusión.


Si eres mujer, ¿nunca has sentido que tu pareja o un amigo no te escuchaba o que no se ponía en tu lugar? Si eres hombre, ¿alguna vez has pensado que las mujeres son muy complicadas de entender o que su capacidad de utilizar un mapa es nula? ¿De dónde proviene el sexto sentido del que se suele hablar?

¿Sabías que los hombres tienen más predisposición a la dislexia, déficit de atención, autismo y esquizofrenia? ¿A que no te parece extraño que las mujeres, por el contrario, sean más proclives a la ansiedad, histeria o trastornos depresivos?

Como sin ell@s no se podría vivir, he aquí respuesta a algunas de las preguntas que durante años te has hecho sin poder comprender por qué el otro sexo es tan “raro”; preguntas a las que la comunidad científica lleva décadas intentando resolver. Para ello, han utilizado técnicas de imagen tales como la resonancia magnética (RM) o técnicas de estudio del metabolismo cerebral como la tomografía de emisión de positrones (PET).
¿Cuáles son las claves para no acabar desesperándose con ell@s?

miércoles, 9 de mayo de 2012

Cuestión de rituales

Las puertas del ascensor se te abren. Pijama verde, calzas, mascarrilla y gorro equipados. Al fondo del pasillo, una cama de dimensiones diminutas espera cobijando un Homo sapiens sapiens, otro de los millones de seres vivos que habitan este planeta. A medida que te acercas, la cama va aumentando de proporciones, ya no hay un Homo sapiens, sino un ser humano, Rodrigo, con mente, corazón, alma... Está solo, te cuenta que está asustado y tiene miedo, que es la primera vez que entra a un quirófano. Pasa a hablarte del origen de las murallas de su pueblo y de su propia historia, aquella que comenzó hace 72 años en Granada y siguió en Madrid con el nacimiento de sus hijos. Un hilo de conexión llamado vida, te ata de golpe a él. Tienes que estar ahí, estar con él.
Los anestesistas llegan y lees esa otra historia suya. Necesita un by-pass coronario con sustitución valvular. Una estenosis aórtica severa le hace la puñeta. Los cirujanos llegan y su rostro cambia de aspecto. Esos son los cirujanos de los que le habían hablado tan bien.
Las ruedas se mueven, ya está dentro. Unos tíos con fuerza le pasan a la mesa de operaciones. 30 minutos más tarde estará dormido, quién sabe si soñando con sus murallas, intubado, casi inerte.
5-10 minutos de lavado de manos, bata de operar encima, guantes estériles. Todo está listo. Lo único que queda al descubierto es parte del pecho de un bulto. Toracotomía media, incisión en pericardio. Un gran corazón aparece latiendo sincrónicamente con fuerza. Aprecias la perfección con la que está diseñada esa arrolladora máquina biológica que nos sustenta segundo a segundo, hasta el fin de nuestros días. Abren la aorta y giras tu cabeza viendo cómo la sangre del ahora bulto pasa por un aparato que la oxigenará. El corazón no late, pero  su cuerpo sigue estando vivo. Te maravillas con la tranquilidad del quirófano, con cada impecable punto que dan, con cada centímetro de trayecto de las coronarias. Y te das cuenta de lo vulnerable que es una masa con vida, de ese hilo de vida que te une a Rodrigo, y que en un segundo puede cortarse tu hilo o el suyo. Que le den al insignificante bulto, el medio por el que el alma maneja la vida, y que vuelva ese alma llamado Rodrigo. Que vuelva el cuerpo con vida, proque sin vida el alma no vive.
4 horas más tarde, sales por la puerta del hospital, el sol hace horas que ha sobrepasado el cénit, y tú pensando que sería medio día. El tiempo pasa volando, y tu sistema nervioso ordena a tu cuerpo acortar la longitud del hilo que te une a esa otra alma del mundo con la que tu mente anda medio día absorta.

Rodrigo ya habrá despertado de la anestesia...

jueves, 14 de abril de 2011



- ¿Sabes cuál ha sido el peor día de tu vida?- El joven mantuvo dubitativo las palabras en el interior de su boca, esperando que salieran otras de recambio. El silencio se había convertido en el protagonista de la escena momentos después de que la serenidad de los personajes hiciera mutis por el foro.
Había algo que le impedía decirlo, y no sabía por qué. No era ni vergüenza, ni temor a lo que pudieran pensar, ni tampoco rabia; sino más bien el miedo a tener que reconocer algo que nunca se había atrevido a decir, algo que sólo conocían las traslúcidas motas de polvo que descendían cada mañana desde las alturas de su habitación.
Ahora era cuando realmente tenía que poner en práctica todo aquello que había aprendido con el trascurso de los años: tratarse a sí mismo como si fuera su mejor amigo, sin juzgarse, sin culparse, sin destrozarse por dentro. No podía cambiar nada de lo sucedido hacía horas, sólo le quedaba afrontarlo, y ese esa era la clave que debía descubrir.
Había oído mil y una veces que la esperanza era lo último que se perdía, pero hasta entonces sólo había sido una de esas frases que quedaban desgastadas de tanto usarlas. Sin embargo, ahora había comprendido el completo significado de ella. No era una frase de débiles, sino de los valientes que se aferran, de los que creen en que la probabilidad del 0.01%. Mientras haya una mínima probabilidad, es posible.

viernes, 29 de octubre de 2010

¿Por qué ser médico si hay internet?

El siguiente texto comprende el resumen de lo que se trató en la charla introductoria para los alumnos de primero de medicina en la UAM ofrecida por Juan Gérvas del día 14 de Septiembre de 2010.
“Carta abierta a una estudiante de primero de medicina".
Juan Gérvas

Médico general, Equipo CESCA, profesor honorario Departamento de Salud Pública, Universidad Autónoma de Madrid

jgervasc@meditex.es http://www.equipocesca.org/

Los buscadores de Internet permiten acceder al diagnóstico y al tratamiento de gran parte de las dolencias que nos afligen. Al teclear los signos y síntomas se obtiene una aproximación que puede ser más cierta que la que nos ofrezca un médico de “carne y hueso”.

¿Sobramos, pues, los médicos?

Intentaré demostrarte, querida alumna, que no, que los médicos seríamos necesarios incluso aunque la inteligencia artificial pudiera sobrepasar la prueba de Turing. Por cierto, entra en Internet y lee sobre Alan Turing, su vida y su “prueba”. Turing pereció en cierta forma por ser homosexual, en un periodo después de la Segunda Guerra Mundial en que los médicos definíamos la homosexualidad como enfermedad. Una muestra del abuso médico con sus graves consecuencias en las vidas de los pacientes y de las sociedades. La homosexualidad es todavía delito con pena de muerte en algunos países, es pecado en otros muchos, es enfermedad en varios y “desviación de la normalidad” en muchísimos. Los médicos no somos ajenos a estos disparates que hoy continúan por otros caminos; el sexo y la actividad sexual son fuente de ingresos para muchos proxenetas (lee, que te interesará, el libro de Ray Moynihan y Bárbara Mitzes “Sex, lies and pharmaceuticals. How drug companies plan to profit from female sexual dysfunction”).

Creer en las tecnologías como solución al sufrimiento y al temor a la muerte es insensato. Las tecnologías sólo ayudan, desde el fonendo a la anestesia, desde las vacunas a la morfina, desde la mejor forma de organización a la mejora en la transmisión de conocimientos. Pero no hay solución al agobio de vivir, no hay respuesta científica al miedo a la muerte. La religión puede ofrecer vida eterna o transmigración, la medicina no. El dolor siempre nos acompañará; el sufrimiento es parte de la vida. Decía el clásico “¿Murió? No; acabó, que cuando nació comenzó a morir”. Las tecnologías no pueden ofrecer ni la compasión, ni la empatía, ni la piedad que puede dar a manos llenas un médico científico y humano, el “sanador” que fuimos y debemos ser.

Complejidad humana
Tenemos un cerebro que no nos merecemos. Cuando lo estudies, querida alumna, no dejes de maravillarte de su complejidad. Sorpréndete, por ejemplo, con el estudio de la visión. Va desde la embriología a la anatomía del ojo y de los nervios ópticos (con su lugar protegido en el cráneo y cara) y a su función, con la retina como “extensión” del propio cerebro que se asoma al exterior y que ya “interpreta” las radiaciones del espectro visible. No olvides que ni en la corteza visual ni en ninguna parte del cerebro hay una “pantalla” ni la representación de hologramas. ¡Y sin embargo vemos!

Gobernar el cerebro humano es complejo. Quizá por ello las drogas son parte de todas las culturas. En las nuestras las drogas legales son muchas: cafeína, teína, nicotina, etanol, tranquilizantes, somníferos, ansiolíticos, codeína y otras. Sobrevivimos con ellas y con los ritos socialmente aceptables para su uso en común (bodas, fiestas, romerías, celebraciones, sobremesas, etc.) o en solitario (“no duermo, doctor, y esa píldora me ayuda a dormir; no es como los drogadictos, que lo quieren porque sí, es que la necesito, ¿sabe?”). Con todo, al final surgen los celos, la frustración, la angustia de vivir, la desazón, el arrepentimiento, los recuerdos desagradables, la envidia y otros cien sentimientos que nos hacen infelices, incluso en medio de la opulencia de los países desarrollados.

Nos movemos entre Eros y Tánatos, ambos relacionados con la noche, ambos lamentablemente asociados a lo obscuro. Pasamos del “caca, culo, pedo, pis” al “polla, coño, polvo” y volvemos al comienzo en la vejez. Es un breve recorrido al que nos obliga la materia que forma nuestros cuerpos (“nacer, crecer, reproducirse y morir”). Y que no sabemos ni cómo se transforma en inteligencia ni como en piedad. La disección del cerebro ciertamente no permite descubrir el alma pero tampoco el amor. Y amor buscamos todos, y pocos somos los afortunados en querer a quien nos quiere. Nadie puede prometer “amor” a la especie humana. Tampoco “salud”.

La salud se puede promocionar, se puede cuidar, se puede proteger, pero la salud es un bien que nadie puede asegurar. La Ley de Hierro de la Epidemiología se cumple siempre, y muere todo el que nace. Podemos evitar algunas enfermedades, podemos retrasar algunas muertes, pero cada enfermedad y cada muerte es distinta según el individuo al que le afecte. No seas, querida alumna, “idealista”. Sé “empirista”. Las enfermedades son estados cambiantes mal definidos que cada paciente vive de forma personal. “No hay enfermedades sino enfermos” es un lema clave para el médico. Y es una verdad científica que explica bien el empirismo, no el idealismo. El empirista cree en lo que ve, en enfermos, no en enfermedades.

Mucho sufrimiento humano tiene su origen (“la causa de la causa”) en los determinantes de salud, sobre todo en la injusta distribución de la riqueza. Así, son variados los ejemplos que demuestran que “unos escupen sangre para que otros vivan mejor”. Sirve el caso del algodón, cuyos subsidios en los EEUU (para menos de veinte mil agricultores-empresarios) conllevan competencia desleal al algodón de mejor calidad de países pobre como Malí que, por consecuencia, ven perder cosechas, desplazar poblaciones y morir a muchos.

Comprender la complejidad humana exige del médico “salir de la medicina” y pasearse por los mundos de la economía, de la antropología y de la sociología, cosa que te recomiendo hagas como parte de tu formación (“el médico que sólo medicina sabe, ni medicina sabe”).

Complejidad social
Si los seres humanos somos complejos, ¡qué decir de nuestras sociedades!. En la visita de un marciano quizá lo que más le llamase la atención sería el lenguaje. Probablemente el marciano terminaría estudiando lingüística para intentar entender a los humanos. En cierta forma parece que somos “seres para el lenguaje” como cuando estudies genética, querida alumna, te parecerá que nuestro destino es ser complejos “portadores de genes”. El lenguaje nos permite establecer clasificaciones y códigos. El lenguaje es una interpretación del mundo que al tiempo facilita las relaciones humanas y limita nuestra visión global. Pensamos lo que somos capaces de expresar. Lo que no expresamos afecta al sistema límbico, que estudiarás querida alumna como una maravilla mal comprendida todavía, una maravilla que influye en el mundo de tus emociones, tan conectado al sistema olfativo.

Gran parte del tiempo de tu aprendizaje se dedicará a la adquisición de un lenguaje médico, al dominio de la jerga sanitaria. Esa lengua te ayudará a conectar con tus pares, a formar parte de una tribu, la tribu en que nos integramos los “sanadores”. Emplea dicha lengua a favor del paciente, no en su contra (de hecho, el consejo debería ser general, “nunca estés en contra del paciente”). Por otra parte, no dejes que te vacunen con esa lengua contra la “escepticemia” (es escepticemia una enfermedad de baja contagiosidad contra la que se vacuna a los estudiantes en las facultades de medicina).

Las sociedades se dotan de normas que nos son más que “instituciones”, acuerdos que en general respetamos. Por ejemplo, nos parece mal a todos que los médicos se entreguen con armas y bagajes a las industrias, de forma que sean los intereses de los accionistas, y no las necesidades de los pacientes y de la sociedad, los que guíen las decisiones médicas. Hay organizaciones que buscan promover relaciones transparentes, proporcionales e independientes con las industrias. En España “Nogracias”, y en el mundo HealthySkepticism. Los estudiantes no son ajenos a estos movimientos, y bien lo demuestra en España el desarrollo de Pharmacriticxs por los estudiantes de IFMSA y en algunos países la implantación del movimiento “facultades de medicina transparentes” que promueve la declaración de intereses y de compromisos con las industrias de todos los profesores, y la erradicación de material promocional de las aulas y espacios docentes. En lo práctico, por ejemplo, cuando vayas a oncología pregunta querida alumna a los médicos por sus ingresos económicos por la “participación en ensayos clínicos de sus pacientes”.

En Georgia se ha descubierto un cráneo prehistórico con la dentadura desgastada. Sin dientes no se podía vivir en aquellos tiempos en que no existía ni el arte de cocinar ni el simple hervir los alimentos. Ese cráneo demuestra el cuidado que recibió su dueño, la atención y la piedad de los que fueron sus contemporáneos. Con el tiempo, las sociedades desarrolladas han organizado un sistema sanitario y unas prestaciones sociales que facilitan el ejercicio de esa piedad y atención como parte de la justicia (no de la caridad). En todos los países desarrollados, con la notable excepción de los EEUU, existe un sistema sanitario público que ofrece atención según necesidad, no según capacidad de pagar. Público, querida alumna, significa “financiación pública”. El sistema sanitario español es una anomalía entre los sistemas sanitarios públicos mundiales. Ningún otro tiene estos ejércitos de médicos asalariados en los hospitales y en los centros de salud (sólo se ven en Finlandia, Portugal y Suecia). Los más habitual (desde Canadá a Nueva Zelanda, desde Austria a Noruega, desde Italia a Japón) es el médico como profesional independiente, lo que no significa que el paciente tenga que pagar por sus servicios.

En España, además, el sistema sanitario público es poco público, pues lo privado casi cubre el 30% del gasto sanitario total. En la práctica eso explica que las bocas de los ricos se puedan distinguir perfectamente de la de los pobres, pues la odontología está muy pobremente cubierta en España. La pobreza es un determinante de salud (“causa de la causa”), y lo es para el acceso al sistema sanitario y para la prestación de cuidados tras acceder a los mismos.

Es importante que comprendas la organización del sistema sanitario, su financiación y las políticas que sustentan las distintas opciones. Nada es casual, y serás médico en una determinada cultura y un contexto social que conviene entiendas.

La respuesta al dolor y al sufrimiento
El médico primero fue el chamán, el brujo de la tribu, el individuo capaz de ofrecer consuelo al que sufría. Consuelo espiritual a través de hechizos y rituales y consuelo físico a través del uso de medicamentos y de otras técnicas, como arreglo de fracturas y luxaciones, amputaciones y demás. Este individuo fue probablemente el primer miembro de la tribu que consiguió no tener que cazar para comer, pues otros lo hacían para él, en pago a sus servicios. Hay quien sostiene que eso mismo logró, y puede estar en el origen de los médicos, la comadrona, la mujer que atendía en el parto de las otras, la que sabía cómo abortar cuando se quería. Esta interpretación cuadra más con lo políticamente correcto, pero me temo que somos más herederos del “listo” de la tribu que de la comadrona.

Con los años aparecen el médico de los ejércitos y el que atiende a los pobres, ambos pagados por salario, mientras los médicos de los “libres” eran pagados por acto. En España, Alfonso X El Sabio ya estableció que “el físico” probara su formación y que fuera admitido por los otros físicos de la localidad, como forma de reconocer su valía y capacidad. Este físico era médico general, cirujano y dentista, y hasta farmacéutico. También en España, los gremios desarrollaron en la Edad Media el pago por capitación (“la iguala”, a un tanto por cada miembro del gremio, para asegurar la atención a minusválidos, viudas y huérfanos).

A finales del siglo XIX, el desarrollo de la ciencias químicas, físicas y biológicas y del capitalismo hicieron posible el florecimiento de las especialidades; algunos médicos se dedicaron a campos muy concretos, como pediatría o ginecología y existía una clase media y alta que podía pagar por sus servicios. La especialización ha crecido imparablemente y en el siglo XXI ha llegado a ignorar que “el todo es más que la suma de sus partes”, muy cierto respecto a las personas. Los especialistas cada vez son más cíclopes de un sólo ojo; ojo que por lo preciso ya no es lupa ni microscopio óptico sino microscopio electrónico, peligroso cuando se aplica fuera de su área de conocimiento. De ahí la necesidad de combinar saberes de médicos generales y de médicos especialistas.

Los médicos contamos con el fervor de la sociedad, como se demuestra de continuo en las encuestas donde, por cierto, los políticos salen siempre despreciados socialmente. Son un ejemplo a no imitar. Lo que importa, pues, es la meritocracia, el valor de lo que los médicos saben y hacen. Ello lleva a los pacientes a nuestras consultas y a entregarse en cuerpo y alma en la esperanza de la curación o del alivio a sus males. Los médicos traspasamos casi sin darnos cuenta las barreras de la piel y del alma y conviene que no abusemos de ese poder. Es infrecuente el abuso sexual en las consultas, por ejemplo, pero existe; no lo olvides querida alumna pues sirve de indicador de abusos más frecuentes que rompen el deber del secreto médico y el derecho a la confidencialidad del paciente.

Los médicos tenemos un poder limitado, finito. Hay casi magia en nuestras consultas (por ejemplo, en la mía cuando una crema de anestesia local me permite extirpar sin dolor un nevus, o cuando un pegamento me permite “suturar” una herida sin utilizar puntos, o cuando un medicamento logra eliminar el dolor en un paciente terminal), pero no somos magos sino simples sanadores. Tampoco somos científicos, sino utilizamos la ciencia para discernir lo verdadero de lo falso (y la filosofía para distinguir lo importante de lo irrelevante). No seas maga, querida alumna, pero tampoco científica en falso. Por ejemplo, nunca creas que la estadística es ciencia ni que “salvas vidas”. Ni creas en la “resucitación cardiopulmonar” (es simple “reanimación”).

Los médicos solo prolongamos vidas. Insisto, todo el que nace muere. Al que libramos hoy de la muerte por enfermedad vacunable puede mañana matarlo irónicamente el hambre. Por ello es importante preguntarse por la calidad de vida que logra la prolongación de la misma. Pregunta crítica en estas sociedades occidentales en que crece sin cesar la muerte por suicidio.

No basta con “salvar vidas”. Importa la calidad de vida que seguirá a nuestra acción. La vida no es “el bien supremo”. A veces vivir es peor que morir, como bien demuestran las opiniones de los padres de algunos niños de “bajo peso al nacer”, que creen que el resultado sanitario al cabo de los años ha sido peor que la muerte. Hablar de vida y de las consecuencias de los actos médicos es también hablar de la eutanasia y también del aborto voluntario. No cabe la negativa ni la “objeción de conciencia” indiscriminada, sino la respuesta humana, piadosa y científica. Todo aborto, voluntario o espontáneo, provoca una conmoción en la mujer. Todo aborto voluntario es un fracaso sanitario y educativo, un fracaso en la evitación de los embarazos no deseados.

El aborto voluntario se suele discutir en su legalización, pero poco se discute acerca del “síndrome del barquero” que retiene su realización en clínicas, por ginecólogos, y frecuentemente con métodos quirúrgicos. Los métodos más cercanos y humanos, con medicamentos y en casa, existen hace décadas pero todavía son una excepción. El “síndrome del barquero” explica que no se utilicen las posibilidades de la tecnología para lograr “máxima calidad, mínima cantidad, tecnología apropiada y tan cerca del paciente como sea posible”. La tecnología tiene su paralelo literario en el anillo del “Señor de los Anillos”; su posesión ciega a los médicos y el poder que da se emplea en propio provecho.

Sé comprensiva y piadosa con los pacientes, ponte en su lugar, admítelos como son. No te conviertas en su amiga, ni seas médico de tus amigos, ni de tus familiares. Respeta las creencias de tus pacientes, sean creer en Escrivá de Balaguer, en Shiva o en el Diablo; respeta también sus vivencias, sean de drogadictos o de adictos al trabajo o al sexo, o ludópatas sin más; aprecia al mahometano como al judio, al protestante como al agnóstico. Los pacientes son frágiles como personas, se sienten amenazados en su trayecto vital; muchas veces no saben cómo re-organizar sus vidas ni cómo enfrentarse a la minusvalía y a la muerte. Pregunta al paciente cómo quiere ser tratado, si de tú o de usted, si como Doña Francisca, o Sra. García, o Pepita sin más. Averigua lo que quiere saber de su enfermedad y da cumplimiento exquisito y prudente a sus deseos.

Ser médico en el siglo XXI
Nadie que estuviese en la charla que generó este texto (14 de septiembre de 2010) llegará al final del siglo XXI. Sin embargo, las sociedades desarrolladas creen poder cumplir el deseo de Gilgamesh, y lograr el acceso a la fuente de la eterna juventud. Cegados por la magia de la medicina ignoran como Gilgamesh el consejo de Siduri, la tabernera del Mar de la Muerte, y prefieren buscar hoy el incierto bien futuro amargando el cierto bien presente. Lo amargan con la “pornoprevención”, ese deseo inmoderado de evitar todo daño, todo sufrimiento, todo dolor y hasta la muerte. Tenemos las poblaciones más sanas y envejecidas de toda la historia de la Humanidad; es un éxito social y médico haber logrado tal capital de salud. Pero la consecuencia práctica es el miedo a la pérdida de la salud, el miedo a la angustia del envejecer, el miedo a morir. Así, se da una paradoja que convierte en enfermos a sanos, sólo por practicar una prevención que se ha convertido en peligrosa a base de pruebas, indicaciones y medicamentos. No es extraño que en los EEUU la actividad de los médicos sea la tercera causa de muerte.

Gran parte de tu actividad como médico del siglo XXI, querida alumna, tendrá que dedicarse a la “prevención cuaternaria”. Es decir, a evitar los daños que causa la actividad médica. Especialmente, a evitar la actividad médica innecesaria, por cuanto toda actividad médica (necesaria o innecesaria) conlleva efectos adversos y daños. Sólo algunas actividades médicas ofrecen más beneficios que daños. Algunas actividades claramente ofrecen más daños que beneficios, como los chequeos (ginecológicos, del niño sano, laborales, a ancianos, y demás).

La prevención cuaternaria es en el siglo XXI la expresión del viejo principio de la medicina “primum non nocere” (primero no hacer daño, primero no complicar más las cosas). Por supuesto, los médicos hacemos mucho bien, inmenso bien, pero a veces hacemos daño evitable. A veces hacemos daño sin necesidad, a veces nos domina la “malicia sanitaria”. Es fundamental, querida alumna, que logres hacer mucho más bien que mal, que cuando te jubiles puedas decir que el bien que hiciste compensa sin duda el mal que causaste. Practica, pues, la prevención cuaternaria.

Recuerda los dos fines de la medicina en que se resume el Informe Hastings: evitar el sufrimiento médicamente evitable y ayudar a morir con dignidad. Para ello prevenimos enfermedades, ayudamos a curarlas, consolamos siempre y procuramos la rehabilitación si queda minusvalía. Para ello atendemos al paciente terminal de forma que no tenga ni dolor, ni angustia, ni insomnio, ni ascitis, ni edemas, ni estreñimiento, ni vómitos, ni otros signos y síntomas que impidan que muera en paz y con dignidad. Evita, sobre todo, las muertes innecesariamente prematuras y médicamente evitables, como la muerte por apendicitis o por tétanos. En lo que sea posible, evita las muertes de causa médica, como las provocadas por el consejo de “dormir boca abajo” a los bebés en los años ochenta y noventa del pasado siglo, o las causadas por las hormonas administradas a las mujeres climatéricas, o las consecuentes al sobreuso de la radiología.

Cúrate a ti misma. Lo registra Lucas, el médico evangelista, respecto al rechazo de Jesús por sus conciudadanos de Nazaret. “No hay profeta en su tierra”, dijo también en esa ocasión. Lo de “médico cúrate a ti mismo” debes aplicártelo, querida alumna, es su amplio sentido de cuidar de ti misma, de conocerte a ti misma, de analizarte a ti misma, de considerar en ti lo que has de aplicar a los pacientes, de ser primero contigo humana y piadosa para poderlo ser con tus compañeros y pacientes. Eso incluye las consideraciones éticas que te ayuden a elegir el mejor curso posible de acción en cada paciente y situación.

Estudia, estudia mucho, estudia como una bruta, pero no dejes de leer poesía, de intentar ser feliz, de ir al cine, de bailar, de hacer deporte y de observar y analizar la deriva social, política y económica de tu sociedad; no dejes de disfrutar del amor, de la familia, del sexo, de los amigos y de la vida en general.

Un médico es un profesional altamente cualificado que precisa estudiar y formarse toda la vida, capaz de tomar decisiones rápidas y generalmente acertadas en situaciones de gran incertidumbre. Te convertirás en médico sin darte cuenta, a base de estudiar mucho y de ejercer un escepticismo sano (¡ojala te haya contagiado mi “escepticemia”!). Duda; duda incluso de esto que lees. Documéntate si es posible con los estudios originales iniciales y forma tu propia opinión. No sea nunca cínica, no admitas “la cultura de la queja”; no te quejes, actúa. Tolera la incertidumbre clínica, pero no seas imprudente. No aceptes “la tiranía del diagnóstico”; no te empeñes en diagnosticar pues el diagnóstico es sólo una ayuda para la decisión y se puede decidir sin diagnóstico y con acierto.

Sé optimista, hay miles de razones.

Recuerda que ninguna universidad española está entre las mejores del mundo (ni el grupo de las diez mejores, ni en el de las cien mejores, ni en el de las doscientas mejores). Visita, si te es posible, otras universidades mejores; por ejemplo, la de Maastricht (Holanda), donde el estudiante de medicina de primero tiene por tutor y guía desde el primer día a un médico general y va al hospital y a la facultad a completar su formación. O a la universidad de Tampere (Finlandia), o a la de York (Reino Unido), o a la de Otawa (Canadá) o a la de Queensland (Australia).

Viaja, es una forma de madurar.

Hoy Internet es una ventana abierta al mundo, asómate a ella. Entra en contacto con quienes te pueden ayudar, forma parte de “colegios invisibles” que comparten conocimientos y reconocimientos.

En resumen, evita muertes evitables y promueve vidas con calidad, no hagas que Quevedo tenga razón en su soneto:

MÉDICO QUE PARA UN MAL QUE NO QUITA,

RECETA MUCHOS(2)

La losa en sortijón pronosticada

y por boca una sala de viuda,

la habla entre ventosas y entre ayuda,

con el “Denle a cenar poquito o nada”.

La mula, en el zaguán, tumba enfrenada;

y por julio un “Arrópenle si suda;

no beba vino; menos agua cruda;

la hembra, ni por sueños, ni pintada.

Haz la cuenta conmigo, dotorcillo:

para quitarme un mal, ¿me das mil males?

¿Estudias Medicina o Peralvillo?

¿De esta cura me pides ocho reales?

Yo quiero hembra, vino y tabardillo,

y gasten tu salud los hospitales.

NOTA IMPORTANTE

Este texto se distribuye bajo licencia Creative Commons by-nc-sa 3.0, por lo tanto se puede distribuir libremente y re-elaborar a condición de citar al autor, no utilizarlo para fines comerciales y mantener el producto subsiguiente bajo este mismo tipo de licencia (licencia completa) .

NOTA PARA MI QUERIDA ESTUDIANTE

Lee más sobre este tema y autor en http://www.equipocesca.org/ donde hay publicaciones sobre Gilgamesh (“Falsas promesas de eterna juventud en el siglo XXI. Gilgamesh redivivo”) y sobre el idealismo/empirismo (“Enfermedad: ciencia y ficción”), por ejemplo.

Sobre todo, complementan este texto “Los territorios ignotos de nuestra mente” (sobre las razones para ser médico) http://www.equipocesca.org/wp-content/uploads/2009/10/por-que-ser-medico-2009-final.pdf e “Información al paciente sobre su médico” http://www.equipocesca.org/wp-content/uploads/2009/03/triptico-consulta-gervas.pdf

Relee de vez en cuando este texto y los que le complementan y añade y corrige lo que convenga para construir tu propio ideario, credo y utopía.

1Este texto resume la charla a los estudiantes de primero de medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, el 14 de septiembre de 2010. Fue organizada por IFMSA-SPAIN de la Autónoma (AIME-UAM). IFMSA es la International Federation of Medical Students Associations.

2Los médicos solían llevar joyas ostentosas (“sortijón”), iban en mulas bien enjaezadas que dejaban en la entrada de la casa (zaguán) del enfermo y recetaban ventosas y “ayudas” (laxantes). Peralvillo es localidad manchega donde se cumplía cruel sentencia de muerte a saetazos. Tabardillo es alegría desordenada, y persona tal.”

Fuente: http://aiemeuam.wordpress.com/